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Shemot 13:17-17:16


Cómo conquista un hombre a una mujer? Cómo lo hace una mujer con el hombre que desea? Es interesante el concepto de conquistar. De hecho en su definición y en su significado, la palabra incluye violencia, armas, el sacarle al otro lo que posee. Pero acaso eso hacemos cuando la conquista esta dirigida a alguien que deseamos o amamos?

Ya en el primer capítulo de Bereshit, el Génesis, se nos ordena que crezcamos, nos multipliquemos, poblemos la tierra y la conquistemos, vekivshúa. Y automáticamente, el ser humano le inscribió a este mandato el tinte violento de usurparle a la tierra sus derechos, sus nutrientes, sus posibilidades de subsistir y seguir generando vida; destrozamos este mundo, llevándolo al borde de la supervivencia en el cual debemos cuestionarnos si hicimos las cosas bien. Si respetamos las vidas que nos encomendaron y la subsistencia de nuestra especie y las otras.

Quizás no comprendimos ese primer mandato. Quizás “conquistar” no se trataba de usurparle nada a nadie sino, tal cual hacemos con nuestra pareja deseada, se trataba de comprenderla, inmiscuirnos hasta cierto punto en su vida interior y en sus necesidades, combinando los gustos propios con los ajenos en una sinfonía de almas y voluntades que redundan en un convivencia que intenta ser placentera y armoniosa.

Cuando en la Torá una pareja tiene un encuentro amoroso, el relato nos cuenta que “se conocieron”. Si ponemos ese encuentro como el punto cúlmine que puede tener el amor, entonces, la conquista inicial del mundo, a la que se hace referencia en Bereshit, no tenía nada que ver con la violencia y la usurpación de nada, sino con el conocer a fondo el mundo que nos fuera entregado y fundirnos en el como seres naturales que somos.

En nuestra parashá, leemos el momento en el cual el pueblo de Israel atraviesa esa maravilla que resulta ser el Mar de los Juncos, el Iam Suf, abierto por el Creador para dar paso a su pueblo y salvarlo de la persecución egipcia. Es el preciso momento en el cual el pueblo suelta su algarabía con panderos de las mujeres y un cántico de alabanza como es Shirat Haiam.

Y es justamente en esta poesía que encontramos escrita incluso de manera notoriamente diferente al resto del texto, en donde leemos: Teviemo vetitaemo behar najalatja. “Habrás de traer a Israel y los habrás de sembrar (vetitaemo) en el monte de tu heredad”.

Shirat Haiam anticipa cómo deberá ser la conquista de Cnaan, que no debe estar exenta de este vínculo amoroso que debian tener con la tierra. El Creador no nos guió a la tierra de Israel, sino que nos sembró en la Tierra prometida de la misma manera que Adam y Javá en el Gan Eden fueron ellos mismos la tierra de la cual fueron moldeados.

Renovemos nuestro compromiso moral con la humanidad y con el mundo que nos rodea.

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