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Bereshit 25:19-28:9


Quién no se compadeció alguna vez del anciano Itzjak al que su esposa engaña vilmente en complicidad con su hijo Iaakov, para lograr la bendición del primogénito? Más de una vez dijimos que Itzjak tuvo una vida sin sobresaltos ni grandes compromisos. Y para colmo, lo “engañan” de una manera que lo hace “equivocarse” y confundir a sus hijos.

Claro. El punto es que estaba ciego...y anciano...

No es demasiado simple? No suena a cuento de niños (que de hecho siempre lo fue...?)

Quizás, el anciano padre, entendió cual era la naturaleza de sus hijos y decidió no darse por enterado de quién realmente se había presentado a ofrecerle de comer.

Recordemos un poco la historia, en la cual Esav en un arrebato de hambre, luego de una jornada cansadora, le había negociado su primogenitura a Iaakov a cambio de un plato de comida. Recordemos que en el capítulo posterior decide tomar por esposa a dos mujeres Canaanitas. Recordemos que Abraham le había pedido a su siervo, Eliezer, que de ninguna manera tomara una esposa de Canaan para su hijo Itzjak.

En algún momento, todo esto tuvo que herir a Itzjak. Esav no dejó de tener actitudes que serían cuestionables aún para un anciano, ciego, y con sus capacidades disminuidas. O quizás no tan disminuidas. Hoy día sabemos perfectamente que a una persona ciega se le sensibilizan el resto de los sentidos. Y en la escena de la bendición de Itzjak a Iaakov, la Torá hace especial hincapié en mostrarnos como el patriarca utiliza todos los otros sentidos en el reconocimiento de su hijo...al tocarlo, al olerlo, al oír su voz, al degustar su comida. “Y se debilitaron sus ojos” (Bereshit 27, 1); “Acércate, por favor, y te palparé, mi hijo” (Bereshit 27, 21); “La voz es la voz de Iaakov Bereshit 27, 22); Sírveme para que coma de la presa de mi hijo” (Bereshit 27,25); “olió el aroma de su ropa (Bereshit 27,27). Uno tras otro utilizó los sentidos, que estarían sensibilizados por la falta de vista, y aún así no se dió cuenta de quién era quién?

No resulta posible.

Quizás la clave esté en el pasuk 28 del capítulo 25 de nuestra parashá. Alli dice: “Vaieehav Itzjak et Esav ki tzaid befiv veRivká ohevet et Iaakov” (Y amó Itzjak a Esav porque estaba su presa (su caza) en su boca y Rivká ama a Iaakov)

Llaman la atención dos cosas: por qué amó Itzjak en tiempo pasado a Esav, y Rivle lo ama a Iaakov... y qué es eso de amar a alguien porque su presa está en su boca?

Según el midrash Tanjumá, “la presa en la boca” refiere a los engaños de Esav para con su padre (la boca sería precisamente la de Itzjak). Y los reiterados engaños y malas elecciones de este hijo descarriado, son los que habrían motivado es verbo en tiempo pasado: “ Vaieehav Itzjak et Esav”. Rivká, en cambio, no tiene condición alguna para su amor, y sigue amando a Iaakov.

Entonces, leamos el texto ahora de manera más adulta. Vemos un Itzjak que sí está consciente de lo que hace y entiende que es su hijo menor el que tiene el espíritu para mantener la continuidad del pueblo reprometido a él por el Creador. Y no hubo un real engaño, sino que sopesó las acciones y tomó la decisión...la bendición del pueblo grande, era para Iaakov.

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